Los chinches, las duchas y el Reino Unido
Tener chinches es un incordio. Y les cuento esto con ciertos reparos. Porque decir que uno ha tenido chinches en su cama no es muy normal... Es más, si alguien me hubiese contado algo así hubiese pensado que su higiene personal deja mucho que desear...Pero no es el caso. Uno se lleva bastante bien con la ducha y aún así ha padecido esta plaga en sus propias carnes. Todo empezó hará como cuatro meses. Cuando acababa de crear este blog que abandoné sin previo aviso y recupero ahora con el firme proposito de escribir, al menos, dos veces por semana.
Como decía, hace unos meses mandé un curriculum a una oferta de trabajo espectacular. Sin ninguna esperanza por dos razones: La primera es que exigían incormporación inmediata. Algo que en mi caso, era prácticamente imposible. Y la segunda, que el puesto de trabajo era en Londres. Y claro resultaba difícil creer que me fuesen a llamar para una entrevista y que, además, la pasará con este inglés mío que se deterioraba a pasos agigantados.
Pero los planetas se alinearon a mi favor y here I am. De nuevo en Londres. Ya se que estoy contando un rollo, pero es básico para la historia de los chinches. Llegué feliz y contento a la capital del Reino y le gorronee casa a mi buena amiga Ola hasta que encontre la que parecía la casa perfecta...
Y la verdad es que si que estaba bien. Grande, espaciosa, con unos muebles que tenían menos de doscientos años y sin moqueta en el baño... Lo malo es que venía con chinches incorporados... Al principio es medio gracioso. Porque piensas que tienes un mosquito, o una araña y te pegas horas y horas buscándolos. Pero claro no encuentras nada. Y al final te mosqueas y llamas al servicio de control de plagas del ayuntamiento. Y te dicen que sí, que se pasarán. Y que igual son bed bugs. Y miras en el dicccionario a ver que carajo son los bed bugs de las narices...
Cuando ves que tienes chinches, empieza a molar menos echarse a dormir. Así que te pones capas y capas de ropa con la vaga esperanza de que de esta manera evites que te acribillen a picotazos.
Pero que va, son solo ilusiones. Te pican igual y encima amaneces sudado como un pollo. Así que insistes con el control de plagas. Y mientras vuelves a gorronear a la polaca, que para eso estuvo ella de ocupa en mi casa durante casi dos meses hace un par de años, no???
Al final te desinfectan. A ti, a la habitacion y a la ropa. Es más te meten toda tu ropa en una especie de tienda de campaña gigante. Al sacarla huele raro. Pero eso, siendo malo, no es lo peor. Ahora, mis dos cazadoras destiñen. Así, por las buenas. Tu vas por la calle andando y empieza a llover. Y ves las gotas de agua reaccionan con tu cazadora. Y se convierten en gotas coloreadas del color de tu cazadora y con una espumilla como de jabón.
En fin será cuestión de llevarlas a la tintorería que uno empieza a comprender al payaso de los anuncios de mimosín...
2 comentarios:
Gracias por la visita :)
Madre mía!!! Estas cosas solo les pueden pasar a los españoles en el exilio.
En fin que encontre tu blog buscando otras cosas y me voy ahora mismo a informarme sobre la evolución de los chinches en España.
Mas vale prevenir que curar!
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